La Luna

En la época de las Misiones “Apolo”, la humanidad demostró que era capaz de pisar otros cuerpos celestes y aquello hinchó su ego (o, al menos, el de algunos países). Hubo muchas conjeturas y bajaron muchos mitos, algunos muy cinematográficos. Desde entonces, no se ha intentado volver a nuestro satélite. Los principales motivos se relacionan con el alto coste de dichas misiones, en una aparente falta de motivación y recientemente se menciona ciertos desórdenes nucleares que habría causado el hombre en la Luna. De nada serviría volver, sólo para demostrar nuevamente que somos capaces de hacerlo. Cuando regresemos, deberíamos hacerlo con unos objetivos claros, que pueden ser de diversa índole (Económicos, Sociológicos y Científicos).

 

¿Es angustia, tal vez demasiada soledad en esa inmensidad extraña?

Si todo fue real, ¿Qué habrá pasado pasado por la cabeza de esta persona, en ese momento?

El misterio alrededor de la “Cara oculta de la Luna” ha sido desvelado gracias a un equipo de investigadores estadounidenses. Anteriormente, los científicos habían creído que esa curiosa forma en este lado de la Luna no era sino la consecuencia del impacto de un asteroide que habría dejado tal marca en el astro.

Actualmente, están convencidos de que esta cuenca gigante en el lado más cercano a la Tierra no es producto de un asteroide, sino de los restos de una gran columna de magma de las profundidades de la propia Luna.

Los análisis de los datos de la misión GRAIL de la NASA aportaron las evidencias suficientes, para la creación de un mapa de alta resolución de la región de Procellarum, la zona concreta donde se encuentra esta enorme cuenca más o menos circular con un tamaño de unos 1.800 kilómetros de diámetro.

Gracias a este mapa, los investigadores descubrieron que la frontera de la cuenca no es circular sino poligonal y que está compuesta por ángulos agudos, por lo que es imposible que hayan sido creados por el impacto de un asteroide. Por el contrario, lo más probable es que ese contorno angular haya sido producido por grietas de tensión gigantes en la corteza de la Luna, al enfriarse ésta alrededor de un penacho de material caliente desde las profundidades de la misma.

La Ignorancia es la Noche de la Mente: pero una Noche sin Luna y sin Estrellas.

(Confucio)

 

 



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